Metaleros de regiones: El doble esfuerzo por ir a recitales

Publicado el: 20,octubre,2015 por Equipo Cuarto Infierno

Viajar largas horas en bus, pedir permiso en el trabajo, faltar a clases o gastar más de lo presupuestado son parte de los sacrificios para poder ver en vivo a nuestras bandas favoritas.

La Serena y Coquimbo quedan a 6 horas de viaje en bus a Santiago, si es que se tiene suerte y la máquina de pasajeros no pasa a otros destinos intermedios. Tampoco sin contar imprevistos como quedarse en panne ni menos algún accidente. Ese tiempo, que la mayoría de las veces parece una eternidad, sólo vale la pena cuando se ha visto en vivo a la banda internacional que uno sigue con devoción. Algo que saben bien los metaleros de regiones. También se aplica a quienes van a Santiago u otros destinos para tocatas nacionales, con agrupaciones que difícilmente vendrán a tocar al lugar en que uno vive.

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Cuando son grandes espectáculos masivos, como el desaparecido Metal Fest, Iron Maiden, Judas Priest, Metallica o Black Sabbath, en varias partes se organizan y colocan buses especiales para los fanáticos. Sin duda una excelente iniciativa, que sirve de alguna manera para “acortar” psicológicamente el viaje, tomando en cuenta que la máquina irá llena de gente con las mismas ansias que uno, pero entre tanta “talla” y más de algún bebestible escondido, el recorrido hacia la capital del país no será tan tedioso.

En lo económico, no hay que pensar sólo en la entrada, que en todo caso por lo general hay que adquirir con meses de anticipación. Lo primero que se debe considerar es obviamente el asunto de los pasajes. En temporada baja o un día de semana, el boleto de La Serena o Coquimbo a Santiago cuesta $7.000 a $9.000 pesos, viajando en bus semicama. No hablaremos de aviones, porque es en un porcentaje muy pequeño el que tiene aquella opción. Si es sábado, domingo o feriado largo, el pasaje puede elevarse hasta a $15.000 ó $18.000. Insisto, siempre en semicama.

Después están los otros ítemes a considerar. El alimento (porque algo hay que comer, no todo puede ser alcohol). Al lado del Terminal San Borja, te puedes salvar con un italiano con bebida a mil pesos. También entre tanto vendedor ambulante con sus carritos, puede caer algún ofertón de churrasco, empanada de queso o sopaipilla. Si nos limitamos solamente a los gastos del “copete”, depende de la duración de la previa o si se viaja con hartos amigos. Las “vacas” abaratan costos.

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Pero no todo son megaeventos. También están las tocatas nacionales, ya que hace tiempo que lo nuestro da muestras de una enorme calidad. Al interior del recinto, lógicamente que muchos querrán seguir hidratándose. La chela a luca (en lata) sigue sumando gastos. Y lo más importante, la compra de material discográfico original (vinilo, cd o tape) puede salirse de las manos cuando uno se entusiasma con tanto disco. En todo caso, para todo metalero no hay mejor inversión que adquirir música.

Se acaba la tocata y hay un abanico de opciones. O quedarse en el lugar de la tocata (si es que está permitido), irse a una pensión, quedarse en la casa de un amigo o amanecerse en un “clandesta”. Cuando es a mitad de semana, varios tienen que regresar de inmediato, tomando el último bus que sale de Santiago cerca de la una de la madrugada. A pagar taxi para no quedarse abajo. Al final de regreso a casa, la billetera puede llegar vacía, pero la experiencia quedará para siempre. Es lo que pasa por vivir en un país tan largo y donde todo se centraliza, incluyendo el metal.




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